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Bruce Lee – De mis filósofos favoritos

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Soundtrack – Para el Pueblo del Sol

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Animated Interview – Kurdt Cobain

 

By blankonblank

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Y por cierto…

En México -estimados lectores del mundo- no existen los movimientos sociales legítimos. 

Pregunten a los medios masivos mexicanos. ¿O alguien ha escuchado lo contrario en alguno de estos medios?

No se molesten en buscarlos.

Gracias.

 

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¿Qué quieren los maestros?


29 DE SEPTIEMBRE DE 2013
ANÁLISIS

 

MÉXICO, D.F. (Proceso).- A Claudio X. y su grupo de empresarios formados en escuelas privadas de alto nivel, no se les ocurrió preguntárselos, cuando articularon su plan para la educación en México, hace ya dos años.

Tampoco a Televisa, cuando adoptó el plan, documentó en el documental De panzazo qué fallidos eran nuestros maestros de escuelas públicas, y propagó la urgencia de una reforma educativa. Y tampoco al nuevo gobierno de Enrique Peña Nieto, cuando decidió convertir la reforma en ley.

Y cuando la líder del sindicato mayoritario de maestros protestó contra la reforma, tampoco se le escuchó: se le encarceló por desviación de dineros, se colocó en su lugar al señor que le firmaba los cheques de los desvíos, un señor amenazado de cárcel, y por tanto irremediablemente dócil, y se procedió a llevar la reforma al Congreso, donde de nuevo nadie les preguntó a los maestros qué querían ellos.

Como si los maestros fuesen peones, chalanes, caballerangos, correveidiles, mozos.

Y sin embargo, no lo son, los maestros son maestros, y para que la reforma educativa descienda a las aulas y a nuestros niños, será a través de los maestros o no será. Todavía más, la terquedad del gobierno en no tomarlos en cuenta, y la andanada de insultos con que los comunicadores los han cubierto –nacos, salvajes, irresponsables, revoltosos, radicales, burros, ratas, chacales– amenazan con obstruir la reforma completamente.

Lo que fue una resistencia de los maestros de Oaxaca a principio de año hoy se ha convertido en una resistencia en 26 estados de los 32 de la República. Lo que fue una resistencia de la CNTE se está volviendo también la resistencia de maestros que con justa razón consideran que el SNTE es hoy un sindicato del todo sometido.

Bueno pues, ¿qué quieren los maestros que protestan contra la reforma? Me lo responde su vocero Francisco Bravo en una prosa que no es la de un naco ni un salvaje. Sobria, precisa, y sólo por momentos deformada en el eufemismo.

Quieren echar atrás la reforma educativa. Sí, como sus antagonistas dicen, porque les parece injusto perder sus plazas por reprobar evaluaciones, pero (como no dicen sus antagonistas) porque las insuficiencias de los maestros que reprueben también son responsabilidad de la Secretaría de Educación, que no los ha preparado adecuadamente ni los trata como a profesionales valiosos, dándoles salarios de hambre: 3 mil pesos gana una maestra rural, 6 mil 500 un maestro urbano.

Le hago notar al maestro Bravo que la nueva ley ya se modificó para que ningún maestro, repruebe o no las evaluaciones, sea despedido, una solución que al menos a quien esto escribe le parece que deja irresuelto todo, la calidad de los maestros tanto como su explotación. Pero no nos detenemos en ello porque por desgracia esa cuestión ya no es el centro de la revuelta de la CNTE. Su vocero me narra la otra mitad de la historia.

Tan luego la CNTE organizaba la disidencia, la Secretaría de Gobernación les ofreció que los maestros participaran en mesas de consulta en todo el país. Lo hicieron y en el proceso acumularon propuestas concretas. No propuestas administrativas, sino de contendido de la educación.

Tal vez, como a quien escribe le parece, eran demasiadas las propuestas y demasiado dispersas, y el amplio documento que las recoge, imposible de aplicar en lo inmediato. En todo caso la dificultad de su aplicación nunca entró siquiera en consideración: cuando la ley se presentó en el Congreso ninguna de las propuestas de los maestros había sido incluida.

Los capotearon. Los engañaron. Los desdeñaron. Francisco Bravo lo pone en un eufemismo: administraron el conflicto.

Por eso vinieron a la capital del país, con su exigencia inicial ahora sostenida por la rabia que les provocó el orgullo herido. Quieren echar atrás la reforma educativa ya votada y quieren participar en crear una nueva reforma más amplia, que no sólo los afecte a ellos sino que modifique a la Secretaría de Educación.

El presidente de México tiene poder de veto a la reforma y por ello en la capital marcharon a Los Pinos para pedírselo. Ahí salieron de la casa presidencial un par de funcionarios de bajo rango y los atendieron. A Francisco Bravo no le resulta accidental la topografía del encuentro, sino calculada como otra bofetada de desprecio: sucedió en una esquina del patio de Los Pinos, detrás de unos caballos.

Como también parece ser un cálculo para ofenderlos y satanizarlos el operativo del día siguiente, en que se les desalojó de la plancha del Zócalo. Los maestros estaban formando un consenso para retirarse por propia voluntad, para no irritar más a los ciudadanos de la capital, y dejar que sucedieran en el Zócalo las fiestas patrias, cuando se les vinieron encima los policías, los helicópteros, las tanquetas de agua, y los barrieron, mientras los comunicadores exaltaban por la radio y la televisión “la perfecta operación de desalojo”.

El gobierno debe entender la paradoja. No puede exigir a los maestros obediencia ciega y tratarlos a punta de desdenes y de tanquetas de agua, como si se tratara de la relación entre hacendados y peones, o entre burgueses y mozos, porque si eso fueran los maestros, peones o mozos, no quisiéramos que fueran los maestros de nuestros niños.

Y los comunicadores deberían guardar los diccionarios de insultos clasistas, y comunicar. Preguntar y preguntar, mostrar hechos y más hechos. Nada más. Nada menos.

Publicado en Proceso

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Soundtrack – Death

Descubrir bandas es un deporte, y descubrir bandas legendarias es un deporte extremo, sobretodo cuando no se sabía de su existencia.

Porque no es cualquier cosa ser los creadores del punk después de Cooper, The Who, The Kinks e Iggy Pop que son las raíces.

Y que tu primer álbum sea editado 35 años después de haberlo escrito…

Añadir también la circunstancia de ser morenazo, lo cual va en contra de nuestra visión del Punk-Rock.

Checar el documental “A Band Called Death” del 2013, aunque está medio dramático, retrata muy bien su objeto de estudio y cumple el objetivo.

Los Ramones seguro sabían de ellos.

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¿Cuánta pobreza aguanta la democracia?

Publicado en El Universal el 20 de septiembre de 2013

La democracia es, ante todo, una forma de gobierno. En las últimas décadas se ha desarrollado un nutrido debate teórico sobre si la misma supone también una serie de contenidos determinados, es decir, si el sentido de las decisiones públicas en una democracia está precondicionado y si, en caso de no ajustarse a dichos contenidos, las mismas pueden considerarse no democráticas.
Sin pretender resumir —ni mucho menos resolver— una compleja, y en gran medida inacabada, discusión, baste señalar que el núcleo esencial de una democracia es de naturaleza eminentemente procedimental. Por ello, ante todo, la democracia implica un conjunto de reglas, centradas en la máxima inclusión posible de los gobernados, para tomar las decisiones políticas. En las modernas democracias representativas esa inclusión se expresa en el derecho de elegir, mediante elecciones libres y en las que todos los votos tienen el mismo peso, a los gobernantes que tienen la función de decidir por todos.
Sin embargo, el contexto en el cual el juego político democrático se desarrolla tiene una enorme importancia para que las reglas de la democracia se cumplan a cabalidad. Un ambiente de marcada pobreza y profunda desigualdad si bien no impiden la democracia, sí la marcan y la condenan a un precario funcionamiento.
Y es que para que la democracia funcione adecuadamente no basta sólo el reconocimiento y garantía de una serie de derechos y libertades que constituyen sus condiciones (los derechos políticos, la libertad de expresión, la libertad de reunión y manifestación, de prensa, el derecho a la información, etcétera), sino también un “medio ambiente” propicio para que aquella se recree sin distorsiones, y que constituyen las precondiciones de la misma (y que supone que las necesidades e intereses vitales de los ciudadanos estén garantizadas).
Si las condiciones no se cumplen, no estamos frente a una democracia, si las precondiciones no están presentes, no es que la democracia no exista, sino que tendrá un funcionamiento precario y disfuncional.
Lo anterior es clave para comprender el “desencanto democrático” que aqueja a los países, como el nuestro, marcados por niveles indignantes de desigualdad y pobreza. Resolver ese problema no es menor porque, más allá de la injusticia social que supone, la consolidación democrática depende en buena medida que la gente no descalifique a dicha forma de gobierno porque no sirve para resolver sus necesidades más elementales. Insisto en un punto, una decisión política o una política pública no son más democráticas porque atienden las necesidades e intereses vitales de las personas, pero de que estas necesidades e intereses sean satisfechos depende en buena medida el funcionamiento y la aceptación de la democracia.
Una democracia funciona mal en un contexto de pobreza porque la libertad de la que se nutre y en la que se funda esa forma de gobierno no será la misma si las condiciones materiales de vida de sus ciudadanos no les permiten contar con elementos (de educación, cultura y hasta alimentación) necesarios para ser individuos realmente autónomos.
Según los datos del Coneval, para 2013 el número de pobres en México es de 53.3 millones, de los que 11.5 están en pobreza extrema: un contexto adverso para el buen funcionamiento de la democracia ya que, inevitablemente, ésta se ve afectada por los problemas estructurales actuales de la sociedad mexicana: la referida pobreza y desigualdad, la incipiente cultura política, la gran concentración mediática y la casi nula rendición de cuentas que hace de la impunidad una preocupante parte de nuestra cotidianiedad.
Pensar en fortalecer nuestra democracia pasa, entonces, sí por mejorar y afinar al sistema electoral, pero sobre todo por apuntar las baterías a resolver esos que con claridad son los grandes problemas nacionales de nuestro tiempo.

Consejero electoral del IFE

Lorenzo Córdova Vianello

Licenciado en Derecho por la UNAM y doctor en Teoría Política por la Universidad de Turín Italia. Es investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas (en donde coordina el área de derecho electoral) y profesor en la Facultad de Derecho de la UNAM.

Experto en temas político-electorales, de formas de gobierno, de control constitucional y de derechos fundamentales. Autor de varias publicaciones de derecho electoral, derecho constitucional y teoría política. Analista y comentarista de temas jurídicos y políticos de El Universal y de varios medios electrónicos de comunicación.

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